En una reunión con papá, mamá e hijo, conversábamos acerca de las expectativas que los 2 primeros tienen acerca del tercero. Es un chico capaz, podría decirse que inteligente, algo disperso para sostener esfuerzos, no demasiado competitivo y ciertamente comprometido con sus padres y los valores que representan. No es un transgresor y aunque últimamente, tiene 17 años, se rebela y cuestiona ciertas normas, se cuida mucho de no desconocerlas en lo que se refiere a aspectos esenciales. Eso sí, no es un tipo arrasador y trata de evitar enfrentamientos abiertos y competencias exigentes.
Buscar en el Génesis la primera vez que aparece un verbo relacionado con alguna actividad central de los humanos es un ejercicio muy interesante. Es lo que hace Meir Shalev, notable escritor israelí, en un reciente libro.
Por ejemplo el primer llanto, o el primer odio.
¿Y el primer amor?

Algo así rezaba el título de una
famosa canción de hace ya muchos años. Porque sí, cuando uno los mira, piensa
que es fácil, que se la llevan sin hacer demasiado esfuerzo, que nosotros, que
sí trabajamos y la sudamos, nos encargamos de todo. Y, ellos, ellos solamente
tienen que pasarla bien. Karina Lerner, desde su perspectiva de madre recién
inaugurada, se pone en el lugar de su bebé:
El otro día terminé tan agotada que miré a mi pequeño hijo plácidamente dormido y pensé "que suerte tienen los bebés, nada que hacer todo el día más que jugar, dormir, comer y, bueno, adornar el pañal", y, entonces, imaginé que de pronto, un día, un mágico y juguetón ser del tiempo decide volverme al pasado a cuando tenía, digamos, alrededor de siete meses de nacida.
Hay una ecuación que grandes educadores han utilizado mucho en los últimos años. La traducción del inglés labeling is disabling sería algo así como: «etiquetar es deshabilitar o debilitar o hasta paralizar». Los adultos, en efecto, tenemos una especial predilección por poner nombres, etiquetas que resumen lo que pensamos de una persona, especialmente de los niños. Les decimos todo el tiempo que son tontos, inútiles, tromes, torpes y otras cosas más, no necesariamente negativas. Cuando estamos molestos, esas etiquetas se acompañan, además, con predicciones acerca del futuro: «tu vida va a ser un desastre», «no vas a encontrar trabajo», «vas a ser un don nadie», o hasta «vas a terminar en Lurigancho». Por si fuera poco, muchas veces sazonamos el sermón con algunas referencias al pasado y a personajes cercanos al chico: «igualito al inútil de tu tío» o «vas por el camino de tu padre y mira cómo terminó». Creo que muchos oyentes reconocerán en lo anterior -como se dice para una película- «casos de la vida real». En efecto son de la vida real y su impacto es verdaderamente negativo.
Karina, mi hija,
se convirtió en madre hace algo más de siete meses. Animó
nuestro foro y nos entrega unas reflexiones que pueden servir para que
nuestros visitantes - ellas, pero también ellos- se identifiquen con los
que significa ser madre en nuestros tiempos. Con ella, deseo a todas las madres
un lindo día. Su entrega:
A siete meses de la llegada de Eitan a mi mundo tengo muchas experiencias que contar, aventuras que compartir, felicidades que gritar y angustias que purgar. Pero, sobre todo, 3 lecciones maestras aprendidas sobre la realidad de ser mamá, tres mitos que desenmascarar sobre los primeros meses de la llegada del bebé a casa y nuestra nueva, amplia, fascinante y totalmente abrumadora nueva condición. Mamás valerosas y absolutas que serán y que son, a todas, con nanas o sin ellas, con un solo hijo o con muchos, trabajadoras o amas de casa, descansadas o destruidas, solteras, casadas o emparejadas, en donde estén, feliz día y mi más absoluto y merecido respeto.
1.

Solamente la edad de las mujeres es un factor cuando se trata de un bebe problemático: no, aunque los varones producen esperma a lo largo de toda la vida, mientras más tardía la fecundación en los hombres, también se incrementan las probabilidades de, por ejemplo, esquizofrenia, un desorden del espectro autista (en el caso de embarazos en edad 'avanzada' de la mujer, el peligro va más por el lado de desórdenes intelectuales).

Conversando con un grupo de padres, se me ocurrió hacer la siguiente pregunta: «Cuando planeaban tener hijos, ¿alguno de ustedes pensó que muchas veces sentiría rabia hacia ellos, y a veces quizá hasta odio?». Al principio se hizo un silencio pesado, de esos que dejan entrever que muchas cosas pasan por la mente de los presentes, pero que no es fácil expresarlas. Una persona respondió que no, que nunca había pensado que eso podría ocurrir, porque los sentimientos ligados a la maternidad o a la paternidad parecen excluir cualquier matiz desagradable o negativo, y cuando se ven expresados en otros se tiende a asumir que es algo extraño, por no decir desnaturalizado. Luego pregunté cuántas veces al día sentían rabia o se molestaban con sus chicos. Obviamente, fue difícil poner orden en el grupo. Todos sentían mucha más rabia de la que podían haber previsto.

El día jueves por la mañana, en la oficina principal
de Interbank, en la ciudad de Piura, se lanzó la tercera versión del Maestro
que deja Huella. Una concurrida conferencia de prensa se desarrolla en el
segundo piso, frente a representantes de medios y del magisterio.
Por tercer año consecutivo, los miembros del Consejo Consultivo leeremos cientos de propuestas de huellas que los profesores del sector público han dejado en sus alumnos y las comunidades a las que pertenecen, y tendremos la compleja tarea de escoger a una por región. El jurado - Denisse Vaillat, Andrés Cardó, Javier Sota, Dante Córdova, Jorge Yzusqui y Luis Bustamante - tiene una misión mucho más difícil: escoger entre los 26 finalistas la huella más poderosa, la que recibirá el reconocimiento más contundente, por lo menos en lo material.

La ciencia es uno de los logros más notables de la
humanidad y ha contribuido a su desarrollo y bienestar durante los últimos
cinco siglos. El problema es que, sobre todo con respecto de la crianza de
niños, sus consecuencias para las decisiones cotidianas no son evidentes.
Sin embargo, especialistas y comunicadores, producen
datos en forma de noticias que, supuestamente, aseguran que el producto de la
crianza - los niños y su futuro-, está asegurado. Pero sin aclarar que no hay
una traducción sencilla entre resultados de investigación y vida diaria.
Además, no estamos acostumbrados a evaluar científicamente la "información
científica".

