
Es así como nos dicen que los adolescentes deben acceder a la vida laboral. En este caso el tubo es la formación superior. Y el sonsonete de que no se puede perder ni un segundo se acompaña de un elogio al "by pass" en el que se pretende convertir el colegio: un mero ejercicio de calentamiento preuniversitario.
Es así como los queremos. Que no se muevan mucho, vale decir, sean capaces de estar sentados y concentrados; que compartan sus juguetes y otras pertenencias con el niño del costado; y que no estén resistiendo, oponiéndose, demasiado a la autoridad; todo ello lo antes posible.
Claro, también que sean asertivos, seguros de sí mismos, que se quieran, que sean ambiciosos, que sustenten esfuerzos a lo largo del tiempo y puedan superar obstáculos y superar frustraciones; también a una edad temprana.

A los seres humanos nos encantan las etiquetas, los títulos, todo aquello que se puede "colgar" sobre una persona: nombres que nos permiten saber qué esperar, qué temer, qué buscar, casi como las señales taquigráficas que facilitan englobar significados en símbolos convenientes. Este es tacaño, aquel es valiente, fulano es miedoso, mengano es ocioso, perencejo es brillante y el de más allá un inútil. Y una vez que el mote se pega, como un virus o una sustancia viscosa, no es fácil retirarlo y se mete entre nosotros y el otro, impidiendo ver otras cosas, explorar más allá del prejuicio, aprovechar la espontaneidad, enriquecerse con la compleja realidad de las conductas y los mundos internos.

Eitan ya está más allá del año y Karina comienza a pensar en nidos y otros espacios por el estilo. La educación pre escolar no es muy diferente de la que viene luego: expectativas, temores, ofertas de todo tipo alrededor de lo que el niño debe saber, aprender, experimentar, evitar, en compañía de sus pares:
Eitan está a punto de cumplir 14 meses y tengo en mi agenda 3 números de teléfono de igual cantidad de nidos. Los miro y no me atrevo a llamar: me pregunto si estará listo para ir en marzo, qué quiero que aprenda al año 5 meses, qué busco al mandarlo, qué tipo de lugar espero ver y, sobre todo, qué tipo de profesoras quiero encontrar. Creo que hoy todos estamos estresados por hacer de nuestros hijos contenedores infinitos de conocimiento, unas máquinas bien entrenadas que sean capaces de dar información de todo tipo antes de siquiera haber dejado el pañal. Conozco muchos bebés que desde los tres meses tienen "compañeros" de clase, un aula y una maestra. Siempre he renegado de ese tipo de apuro. Si Eitan sabe o no los sonidos de los animales me tiene sin cuidado, eventualmente los aprenderá. Por ahora, estoy más interesada en que juegue, descubra y se ría despreocupadamente de la vida. Entonces, ¿estaré haciendo lo correcto cuando pienso en un nido?
Un reciente estudio, no dicen los medios, prueba que los adolescentes que se inician en la vida sexual activa, tienen muchas más probabilidades de consumir sustancias psicoactivas, legales e ilegales, que sus pares castos.
Vamos a suponer que estemos hablando de una investigación rigurosa en el diseño de la muestra y el recojo de la información. ¿Qué significan esos datos?

Los padres están asustados. Parte del temor tiene que ver con el exceso de información "científica" que les dice todo lo malo que puede pasar en el camino de la crianza. Pero también, es cierto, el mundo está plagado de peligros.
Uno de esos peligros tiene que ver con las experiencias que los chicos pueden tener fuera de nuestro control y supervisión. La presencia protectora de los adultos ha sido una de las fuentes más importantes de seguridad y tranquilidad. Nuestra especie se caracteriza, justamente, por la larga dependencia que las crías sufren/gozan con respecto de sus criadores. El hecho de madurar en cámara lenta es exclusivo de la humanidad.

Sí, claro, todo tiene una historia. La enfermedad y la salud, también. Son conceptos que no se han mantenido fijos a lo largo del tiempo. Condiciones que antes eran consideradas enfermedades ya no lo son más; otras que no lo eran, hoy entran en los diccionarios médicos; algunas tienen otro nombre; las hay que estuvieron de moda y se convirtieron en símbolos de una época, como la tuberculosis en el siglo XIX o el cáncer en el XX. Por otro lado, tampoco se trata, estar sano o enfermo, de estados absolutos en la medida que nuestro organismo responde a un balance y que entre la salud y la enfermedad hay una serie de gradaciones y matices.
Pero allí donde antes había sanos y enfermos, hoy solamente hay enfermos y pre-enfermos.

Pensé tratar sobre la violencia, cada vez mayor, en el mundo de los adolescentes. Se trata, en efecto, de un problema muy complejo que amenaza invadir nuestras vidas cotidianas. Una conversación reciente, a propósito del nuevo reglamento de tránsito en el Perú, me hizo cambiar de intención y concentrar mis reflexiones sobre otra forma de violencia que difícilmente será resuelta sin una aproximación que combine firmeza con educación de mediano plazo. Me refiero al problema del tránsito vehicular.

Karina nos vuelve a sorprender con un relato excepcional acerca de nuestra vanidad de padres:
Hace algunos domingos se celebró el Día del Niño, una de esas tantas mágicas festividades que llenan los centros comerciales y vacían nuestros bolsillos, y, debo admitir que no se me ocurrió idea más brillante que decirle a mi esposo para ir con Eitan a pasear y comprar algunas cosas. Durante las dos horas que estuvimos abriéndonos camino entre el mar de gente que paseaba con globos, vendedores que lucían llamativos disfraces y gigantes muñecos bailando estridentes canciones, sólo pensaba en la bendita hora que me iluminé y en la mirada de odio que mi esposo me mandaba con cada empujón que recibía. Estábamos por irnos de una de las tiendas ancla del centro comercial, cuando Eitan se puso a llorar, lo saqué del coche y lo tomé en brazos como queriéndome disculpar con él por haberlo metido en semejante tortura, cuando una dulce voz me llamó por la espalda para felicitarme por el hermoso hijo que tenía y acto seguido me dio una tarjeta que, debo confesar, me supo a gloria. Me dijo que Eitan podía ser modelo y que justo estaban buscando bebés con el perfil de mi pequeño para pasar un casting al día siguiente para una publicidad.

"Recuerdo la primera vez que llevé a Eitan al pediatra. Él acababa de cumplir dos semanas y yo de inaugurar las ojeras más grandes del mundo. Estaba confundida, temerosa y nerviosa. Aún no confiaba en mis destrezas como madre, mientras que Eitan, tranquilo y seguro, dormía plácidamente en mis brazos", es lo que nos dice Karina Lerner en esta nueva entrega sobre su papel de madre y lo que significa seguir un fascinante y, muchas veces, sorprendente desarrollo.


