Archivos Marzo 2008

Es el futuro al final del pasadizo, visto por una jovencita
que va a cumplir dieciséis años en un par de meses. Tercero de secundaria, ese
año en el que la vida se les viene encima y tienen certezas como que van a
terminar el colegio - antes se veía lejos, la puerta de salida, la graduación-;
que deben escoger una carrera, ya, rápido, porque si no es así, pierden tiempo
y todos les dicen que no tienen un segundo que perder, aunque a esa edad nadie puede
saber qué quiere hacer realmente; que hay que tener éxito con el otro sexo -
ser flaquitos, estar vestidos a la moda, hablar bonito-; que, sí, en algún
momento tendrán que volverse autónomos, algo por lo que han luchado tanto en la
búsqueda por estirar la hora de regreso de las discotecas y fiestas, pero que,
visto de otra manera, hace perder comodidades y privilegios. Sí, certezas, pero
que no se acompañan de seguridades, de un mínimo de valoración propia.

Una entrega de hace varios años sobre los chicos y las nuevas formas de entrar en contacto.
Hay quienes consideran que estamos entrando en una nueva edad media. Se debilitan los grandes focos de poder; el estado nacional pierde vigencia; las pertenencias se definen a partir de lo local y lo étnico; se extienden vastas zonas grises con reglas ajenas a la formalidad relativamente uniforme que había imperado, por lo menos en teoría, en todo el mundo; los rituales sociales que minimizan los riesgos de la convivencia entre los humanos dentro de los territorios de la familia y la ciudad ya no son tan eficaces. Nuestro país no escapa a esa tendencia. Por el contrario, su forzado y poco exitoso mestizaje, la tibieza de sus procesos de independización, su retórica integración, su carencia de liderazgo, sus inconfesados racismos y su negación de lo propio, se acomodan perfectamente a la "remedievalización".
Los medios ponen sobre el tapete las conductas cuestionables de un gobernador que ha sido investigado por una serie de delitos relacionados con la prostitución.
Los Estados Unidos son un país
donde la conducta sexual de sus líderes siempre ha producido asaltos a la
posición que ocupan, muchas veces con éxito, y en un caso emblemático - el
presidente Clinton- no (aunque ocupó las energías mediáticas, políticas y
sociales durante mucho tiempo y mantuvo en vilo a toda la sociedad).

