El Curioso Impertinente

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Las bromas pesadas, esas calculadas y planificadas circunstancias que nos ponen en un extremo del ridículo, que permiten arrancar una carcajada explosiva de quienes nos han llevado de la nariz o han visto como lo hacían otros, las que en inglés se conoce como chistes prácticos, equivalentes cotidianos de la cámara escondida, versiones cómicas y puntuales del acoso matonesco, la imagen en espejo de la fiesta sorpresa, o lo que está exonerado de condena social en el día de los inocentes, podrían tener algún valor en la economía de las relaciones interpersonales y la dinámica colectiva, pero también en la percepción que tenemos de nosotros mismos.

Aparentemente, las bromas pesadas tienen el efecto de producir un baño de humildad interpersonal. ¡Hasta al mejor cazador se le escapa la paloma! Y no solamente humildad - es algo así como que también el rey tiene su bufón que puede burlarse de él-, sino que también obliga a un esfuerzo de reflexión, en el sentido literal de la palabra, una mirada sobre nuestro propio pensamiento, sobre nuestro propio estilo, sobre procesos tan naturales que no los miramos nunca y que la broma pesada nos obliga a recordar, para estar mejor preparados la próxima vez, una en la que, quizá, no sean los buenos con ganas de fastidiar, sino los malos con ganas de destruir, los que tengamos que enfrentar.

En algunos de los seminarios o talleres que me toca conducir con personas de toda condición y función, suelo plantear un ejercicio: supongamos que tengo que validar o invalidar una regla que reza "si en una cara hay una vocal, en la otra debo encontrar un número par" y que tengo frente a mí cuatro cartas cuyas caras muestran un "7", una "T", un "4" y una "E", ¿cuántas y cuáles debo voltear para cumplir mi tarea? ¿Y si debo confirmar que en un bar se cumple la ley que permite tomar solamente a los mayores de edad y hay un cliente de 15 años, otro de 24, tomando algo, un tercero llevándose a la los labios un vaso con ron y un cuarto haciendo lo mismo con uno lleno con gaseosa, a cuáles debo acercarme para cumplir mi papel de policía moral?

Aun en organizaciones integradas por personas con estudios sofisticados en el campo de las ciencias, el primer problema, el de las cartas, suscita dificultad, discusión, esfuerzo intelectual, mientras que el segundo es respondido casi espontáneamente, como quien no quiere la cosa, sin mayor inversión de energía mental. El asunto es que ambos son rigurosamente equivalentes desde el punto de vista lógico.

Nuestra mente no está hecha, en términos de su larga evolución, para la lógica, pero sí para detectar trampas en situaciones sociales e interpersonales. Quizá como lógicos no podríamos ganarnos el pan de cada día, pero nadie nos embauca así nomás, aunque no hayamos asistido a Harvard - debo reconocer, de paso, que la columna del jueves pasado sobre el papel higiénico de esa universidad, sobrecargó mi buzón electrónico- u otra institución de educación superior.

Somos especialistas en adivinar las intenciones ajenas, en ubicar a los vivos, a los tramposos, a los que nos quieren mal, a los que pretenden ponernos en situaciones incómodas, que nos restan puntos en la jerarquía, que nos quitan estatus, que merman nuestro prestigio interpersonal.

Pero lo que las bromas pesadas producen es, justamente, una humillación en ese campo. ¿Cómo pudimos ser tan idiotas de creer que habíamos ganado la lotería y habernos presentado en tal o cual lugar, en qué habíamos estado pensando cuando acudimos a ese llamado y terminamos en una piscina empapados de pies a cabeza, cómo no nos dimos cuenta que la persona que nos encargó a su perrito en una esquina era un bromista por delegación de un canal de televisión?

Que no podamos recordar que si "p" implica "q" es equivalente a que no "q" implica no "p", bueno, pasa, no es terrible, en última instancia no cuestiona nuestra capacidad de sobrevivir, pero que no podamos leer las miradas, los gestos, los tonos de voz, ¡ah no, ni hablar, eso duele y, además, es peligroso!


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Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Roberto Lerner y publicada el 6 de Julio 2008 12:43 PM.

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