El Curioso Impertinente

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“Hasta que la muerte los separe”, reza la consagración de un matrimonio. Algo que suena mejor es “para toda la vida”. Es el deseo de todos quienes llegan al altar, al menos de aquellos que lo hacen por su propia voluntad, vale decir, por amor. Pero, cuidado, Goethe dijo algo así como que “el amor es un asunto ideal y el matrimonio un asunto real; y la confusión de lo ideal con lo real nunca deja de ser castigado”


A pesar de haber sufrido una serie de transformaciones, la institución del matrimonio y la familia a la que da origen, son el mejor marco para una vida razonablemente satisfactoria.

Ofrece una serie de ventajas, como una sexualidad segura y gratificante - aunque menos frecuente que en condiciones de libertad conyugal-, beneficios legales, apoyos sociales, una alianza económica y un contexto de crianza comprometido.

Es más, las encuestas e investigaciones de la psicología social y demográficas, demuestran que, en promedio, los casados son más longevos, más sanos, ganan más dinero, acumulan más riqueza y tienen hijos más exitosos.

Entonces, ¿por qué el 50% de los matrimonios terminan en divorcio y el porcentaje no da tregua, pudiendo esperar que se incremente en los próximos años?

No es el matrimonio en sí. La prueba es que de los divorciados, la mayoría vuelven a las andadas.

Entonces, ¿por qué hay tanto sexo extramarital? La infidelidad siempre ha existido y se ha dado tanto en hombres como en mujeres, aunque por razones distintas, más dependientes de las estrategias reproductivas diferenciales de ellos y ellas, que de razones morales.

Tampoco es el matrimonio en sí. Un porcentaje apreciable de varones y damas que sacan los pies del plato, afirman que se sienten satisfechos con sus vidas conyugales.

Es lo que muchos han llamado la paradoja del matrimonio: un arreglo objetivamente conveniente en muchos sentidos, del cual demasiadas personas se alejan para ingresar en situaciones sin duda peligrosas y, a la postre, contraproducentes. En efecto, muy pocos se casan con sus amantes - de hecho muchos reportan que los affaires terminan por hacer más interesante el sexo con la pareja, digamos, primaria- y el 75% de las muertes ocurridas durante el coito, ocurren con el otro o la otra.

¿Las razones?

Quizá haya que buscarlas en los notables cambios en los estilos de vida. El matrimonio es, sin duda una excelente respuesta a los retos esenciales de la vida. Pero, ¿a qué nos referimos con la vida? Bueno, pues a una vida más o menos predecible en cuanto a desplazamientos, con roles de género bastante estables, bastante corta.

Hasta que la muerte los separe está bien cuando la muerte llega 20 ó 25 años después del altar, pero la cosa se complica con un ciclo vital de 90 años, cuando la vida sexual comienza muchos años antes del compromiso estable y con varias parejas previas a él, cuando se cambia de trabajo cada dos años, cuando se cambia de país, cuando se viaja tanto o cuando se accede a tanta información sobre opciones ilimitadas y ofertas inacabables.

Los seres humanos tenemos actualmente un menú de relaciones afectivas enorme. Convivimos con personas del otro género, en edad reproductiva, no ligados a nosotros por lazos de sangre, sobre una base permanente y durante muchas horas diarias. Eso solamente en el mundo físico. Si a ello le añadimos los vínculos virtuales, que aseguran cercanías emocionales que tienen un costo nulo de ingreso y de salida, las cosas se le complican más aún al matrimonio.

Estamos en una época de compromisos provisionales: con los empleadores y los empleados, con los proveedores de servicios y con los clientes, con las religiones y con los candidatos. Estamos en una época de cambios permanentes: los ídolos duran lo que una temporada de serie televisiva o concurso reality, los productos duran unos meses, las lealtades políticas no más allá de una corta luna de miel.

El matrimonio ha sido justamente un compromiso muy útil frente a la tensión natural entre necesidad de compromiso y cambio. Cuando se han alterado tanto esos dos términos, su utilidad es menos evidente. ¿Podrá adaptarse?

 

6 Commentarios

claudia

08.09.08

Lo de sexualidad segura y gratificante pero menos frecuente en el matrimonio en realidad depende de qué lógicas y que sensibilidades delimitan tu sexualidad. Por ejemplo, creo que para aquellos a los que los encuentros físicos que carecen de intimidad y compromiso les resultan innecesarios por ser emocionalmente insatisfactorios, la sexualidad en el matrimonio puede ser cualitativa y cuantivamente más gratificante.

En cuanto a la adaptación, pues no lo sé. Lo que sí, es interesante descubrir cómo internalizamos la mentalidad de una época incluso en nuestra vida privada, descubrir cómo lógicas que imperan en ciertos ámbitos de nuestras vidas tienen tal impacto que tiñen nuestro acercamiento a todas nuestras esferas de acción.


Luis

08.09.08

Se observa mas parejas convivientes que matrimonios formales, quizas no formalizarlo sea una falta de compromiso mutuo o de una de las partes en la relacion, algo asi como dejar siempre abierta una puerta de salida ante cualquier dificultad que se deba afrontar y es toda una tendencia en esta epoca.

Viviana Janssen

03.10.08

El matrimonio es una institucion que frena en forma saludable la ligereza con la q muchas parejas rompen la relacion sin importar los hijos.
La sexualidad en el matrimonio tiene sus matices, no siempre seremos volcan y fuego, hay momento en el matrimonio que se debe reinventar la forma de amar, eso es cuestion de imaginacion pero sobre todo de no perder el amor.

Sergio Tawil Sarfaty

31.10.08


Estimado Roberto,es un gusto poder saludarte,asi como leer tus libres pensamientos.

muchos saludos,hablamos

Sergio Nozolof

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11.11.08

Nice site, thanks for information!

HairyMan

11.11.08

Not bad... Not bad.

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Esta página contiene una sola entrada realizada por Roberto Lerner y publicada el 3 de Septiembre 2008 6:25 AM.

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