Entre PadresEspacio de Crianza

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El lenguaje no puede dejar de fascinar a los seres humanos. ¿Cómo podemos dar un sentido a esas concatenaciones de sonidos arbitrarios y entender a qué se refieren, sin mayor esfuerzo, sin siquiera tener que pasar por una educación formal? Casi nunca nos encontramos con una oración que hayamos escuchado antes, tal cual, menos todavía una serie de ellas. Pero las entendemos, las reconocemos como expresiones producidas por un hablante que habla el mismo lenguaje que nosotros.

¿Cómo es posible que en alrededor de cinco años seamos capaces de aprender lo esencial de nuestro idioma y también nosotros, los que estamos en la cola de los desempeños escolares a la hora de entender lo que leemos, podemos descifrar la absolutamente estúpida e ilógica expresión: "¡Qué dulce eres!"? De hecho, pasan muchos años si queremos comprender el lenguaje de las matemáticas, si lo comprendemos más allá de sus conceptos básicos, pero no tenemos mayor problema en dominar una estructura, como la lingüística, que desafía, por ahora, las matemáticas más sofisticadas.


El lenguaje nos dice mucho acerca de cómo la mente humana entiende la realidad, categoriza la realidad, procesa la experiencia: el tiempo, la causalidad, por ejemplo, se reflejan en verbos, adverbios, adjetivos. Pero más allá de lo anterior, también tiene que ver con las dimensiones más afectivas de nuestros mundos, de los que vivimos como individuos, pero también de los que experimentamos como grupos y sociedades.

¿Por qué, por ejemplo, en un momento determinado, hasta en las columnas editoriales de los más prestigiosos diarios aparecen palabras antes impensables, como lisuras, que hubieran sido consideradas causal de despido o motivo suficiente para una derivación psiquiátrica, hace no muchos años? Que nos hemos vulgarizado, que nuestros estándares culturales se han deteriorado, parece insuficiente como explicación. No es el lugar para intentar una más sofisticada, pero cada lector podrá ir más allá, del recurso fácil a eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

O los giros de la cortesía, por ejemplo. "Le molestaría pasarme la sal", es, en realidad, una expresión rebuscada, hasta estúpida. Sin embargo la empleamos, junto con muchas otras que salpican toda transacción interpersonal. Más que un ejercicio en el arte de realidades alternativas o la profundización en el mundo de las emociones, se trata de lograr que alguien haga algo, vale decir, ejercer influencia sobre su comportamiento, sin que se sienta que estamos planteando un imperativo. "La sal" o "¡pásame la sal!" reflejan una provocación, una torpeza, una relación asimétrica o una intimidad probada. Lo interesante es la rapidez con la que hacemos ajustes, con la que decidimos, podríamos mejor decir que nuestra mente decide por nosotros, sin mayor esfuerzo ni concentración. Sobre todo si lo comparamos cuando hay que interpretar una alusión a derivadas o logaritmos.

O los secretos de la seducción. "¿Te gustaría mirar la colección de grabados de la que te hablé?, justo la tengo en mi departamento", dicho al momento de tomar el café que pone fin a una deliciosa comida con otra persona, puede significar muchas cosas, dependiendo de si es la primera o la segunda vez, si es de nuestro sexo o no. Puede tener que ver con el arte o con el amor, o con ambos, pero es una manera de modular y explorar una relación, dejando la puerta abierta a una serie de escenarios, sin poner en riesgo el vínculo, permitiendo retiradas tácticas, avances estratégicos, silencios oportunos, sorderas selectivas, pero jugando en el escenario del lenguaje y sus matices opciones que ponen entre paréntesis, en compás de espera, la acción desnuda, que obliga siempre a definiciones mucho más inmediatas y tajantes.

La sutilidad del lenguaje es maravillosa y nos aleja de la violencia expresa, de la realidad desnuda. No es que el lenguaje sea una prisión del pensamiento, es decir, que no existe pensamiento sin lenguaje, ni que el lenguaje impida pensar ciertas realidades, pero sí es una ventana a las actividades de nuestras mentes, tanto cuando hablamos de la soledad del individuo, como si nos referimos a la intersección de varias mentes durante el discurso social.

1 Commentarios

Rodrigo Amorós

26.12.08

Interesante es también observar como los niños van a aprendiendo a manejar 2 o 3 estándares de lenguaje. Mi hijo de 8 años y todos nosotros no le hablamos de la misma manera a un amigo, a su papá o a un profesor.

Con el paso de los años los niños van integrando en su forma de comunicarse estas diversas formas de interrelacionarse, con algunas dificultades, pues según observo a veces es dificil para un niño diferenciar con quien habla y como comunicarse.

Por otro lado, me interesa informacion sobre Talleres de Verano sobre autocontrol y responsabilidad para niños.

Saludos

Rodrigo

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Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Roberto Lerner y publicada el 20 de Noviembre 2008 9:55 AM.

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