Karina, mi hija,
se convirtió en madre hace algo más de siete meses. Animó
nuestro foro y nos entrega unas reflexiones que pueden servir para que
nuestros visitantes - ellas, pero también ellos- se identifiquen con los
que significa ser madre en nuestros tiempos. Con ella, deseo a todas las madres
un lindo día. Su entrega:
A siete meses de la llegada de Eitan a mi mundo tengo muchas experiencias que contar, aventuras que compartir, felicidades que gritar y angustias que purgar. Pero, sobre todo, 3 lecciones maestras aprendidas sobre la realidad de ser mamá, tres mitos que desenmascarar sobre los primeros meses de la llegada del bebé a casa y nuestra nueva, amplia, fascinante y totalmente abrumadora nueva condición. Mamás valerosas y absolutas que serán y que son, a todas, con nanas o sin ellas, con un solo hijo o con muchos, trabajadoras o amas de casa, descansadas o destruidas, solteras, casadas o emparejadas, en donde estén, feliz día y mi más absoluto y merecido respeto.
1.
Los tres primeros meses son muy difíciles, por no decir terribles. Las marcas de jabones y pañales para bebés insisten en recrear la siguiente escena: una mamá recién parida, sentada en una cómoda mecedora, bien arregladita, con las mejillas rosadas, súper delgada, vistiendo una pulcra y fresca pijama, en una habitación limpísima y ordenadita, luciendo una radiante sonrisa, los ojos resplandecientes de amor, con el bebecito angelical y precioso colgado finamente de la teta y un rayo de luz que surca tenuemente la habitación. Pues, señoras y señores, primera gran y malévola mentira, nada más alejado de la realidad. Esos primeros días, semanas y meses son agotadores, tensos, confusos, desordenados, llenos de cosas nuevas que nos agobian y retan, donde la emoción, amor, sentido de responsabilidad, libertad perdida, miedo e ilusión se conjugan de las maneras más inexplicables e impredecibles, donde las hormonas hacen de las suyas, nuestros pelos parecen trinches de escoba vieja, la ropa no nos queda porque seguimos muy hinchadas y entonces nos vemos obligadas a seguir utilizando nuestra trajinada ropa de embarazo, con una toalla higiénica gigante porque todas las menstruaciones que nos ahorramos en nueve meses parecen venir en interminables avalanchas, el dolor de la cesárea o el corte, si no fue parto natural, son revividos con cada levantada o ida al baño, las ojeras se vuelven rutinarias, la pijama está sudada y desabotonada, el algodón que preparaste para limpiarte los pezones con cuidado y la taza de agua que pusiste en pocos días, desaparecen para dar paso a una mesa de noche llena de biberones, chupones, termos, vasos de todas las medidas y ungüentos, la interminable cambiada de pañales, los llantos que aún no podemos leer, entre otras cientos de peripecias, nos dejan hechas puré y para colmo hay que sonreír a la interminable fila de inoportunos visitantes que llegan a tu casa dentro del accidentado y muy ocupado primer mes. Pero, ¿saben qué?, como todo lo bueno en la vida, hay que lucharla, porque ese tiempo pasa y lo rico viene después. Como los ritos de iniciación, éste también es una prueba que nos lanza sin frenos a una tarea titánica y francamente deliciosa. ¡A sobrevivir y luego gozar!
2. Antes de que me pusieran la epidural me entró pánico, las gotas de sudor me chorreaban por la frente, tenía un nudo en la garganta y quería gritarles a los médicos que no se preocuparan, que lo dejaran allí, que seguramente Eitan estaba plácidamente dormido y que no había necesidad de molestarlo, que podían regresar a sus camas, que mejor me iría a mi casa y que en otro momento volveríamos. El doctor se percató inmediatamente de mi estado y me dijo "Karinita, tranquila, apenas veas a tu hijo sentirás, como por arte de magia, el más profundo, indescriptible y absoluto amor". Ufff, respiré, es cierto, "doctores adelante, estoy lista, quiero experimentar ya mismo ese amor incontrolable". Cuando me trajeron a mi bebé estaba muy emocionada, por fin tenía en mis brazos a esa idea que durante 9 meses acompañó mi cuerpo, mi mente y mi alma. Lo abracé, besé y alimenté con instinto animal. Conforme pasaban los días me daba cuenta que ese enamoramiento mágico e instantáneo que pensaba sentiría no se detuvo en mí, me veía como la peor madre del mundo, cómo era posible que no me reventará el pecho cada vez que lo tocaba o veía. En cambio, me metía en el baño a llorar y mientras las lágrimas brotaban inexplicablemente me sentía pésimo pensando cómo era posible que estuviera triste con un hermoso niño al otro lado de la habitación. Uno se va enamorando de su hijo conforme lo va conociendo, mientras transitamos en el no poco accidentado camino en el que ambos aprendemos a encajar en nuestros nuevos roles, poco a poco, nos van conquistando, nos vamos acostumbrando, haciéndonos a la idea, disfrutando con sus pequeños avances, conociendo sus olores, apropiándonos de su presencia y finalmente caes rendida a su pies, plafff, enamorada sin remedio. Ahora sí mi pecho se insufla de vida cada vez que sus ojos de posan en mi maravillados. Es que ya me es imposible imaginar mi vida sin mi bebucho precioso, mi requesoncito, mi popular traca traca, mi canelón sin relleno, mi raviolito cremoso, mi ayi, mi pedacito de alma. Y de pronto, sin esperarlo, sin notarlo, sin imaginarlo, ellos se vuelven todo. Los amas porque los conoces y te gustan. Y eso, toma tiempo.
3. En estas épocas, los papás y las mamás "son iguales"... ehhhhhhh, respuesta incorrecta. Nosotras tenemos la teta, el vínculo y el instinto desde el principio. Por lo tanto, los primeros meses, cuando recién nos estábamos acomodamos al tercer integrante de la familia, sentí envidia de mi esposo. Mientras yo estaba todo el día en casa con NUESTRO bebé, con la espalda adolorida, el trasero gigante, recuperándome de la cesárea y llena de angustia y ojeras, él muy campante se iba a trabajar y por 10 horas su vida no había "cambiado en nada". Como me dijo una enfurecida amiga, mamá de la recién nacida Miranda, "que tal raza, Julián llega orgullosísimo porque cerró un negocio, yo hago leche, qué súper poder tiene él". En las primeras semanas, se me ocurría pensar lo siguiente: yo hago lo mismo que hicieron millones de mujeres a lo largo de los miles de años de nuestra historia y que ha permitido la subsistencia de la especie, parir y dar el pecho con dolor. Pero, los hombres, qué, ¿acaso tienen que salir con una lanza a enfrentar un enorme antílope, matarlo, cargárselo a la espalda y traerlo victorioso a la cueva para alimentar a su familia? ¡¡¡No!!!, salen en terno, en un cómodo carro, llegan a una oficina y discuten en reuniones, luego pasan por un supermercado, van a la sección de carnes y ¡¡¡voila!!! La cena está servida. ¡Que fácil! Pues no, hay que entender, queridas amigas, que los roles nuestro y de nuestros esposos son, y así debe ser, muy diferentes. Es un perfecto equilibrio, donde dos amores y cercanías distintas se juntan para dar forma a otro ser humano que se nutre de esas dos fuentes infinitas, distintas y riquísimas. En el momento que comprendí eso, lo amé mucho más y dejé de molestarme. Permití que mi esposo creara su propio código con Eitan, que lo amara a su manera y lo disfrutara naturalmente. Es un gran esposo y padre y me dijo una vez "Si te cuido más a ti es porque tú todo el día estás pendiente de nuestro bebé, sino fuera así Eitan no sería lo feliz que es y quién se preocuparía por ti".
Este 10 de mayo quiero recibirlo con mi hijo, mi esposo, mi mamá, papá y hermano. Quiero tener una copa del más rico vino blanco del mundo y decir salud por mí, pero sobre todo por mi mamá y por los cuatro incondicionales hombres de nuestras vidas: Por Gabriel y Eitan que nos hicieron mamás por primera vez, por mi papá que apoyó a mi mamá para que sea magnífica conmigo y por Arón quien me apoya a mí para que yo trate también de serlo con nuestros hijos. Y, por supuesto, un doble salud por el pequeño Eitan, quien ha llenado todo de luz y magia.


06.05.09
¡¡Salud Kari, salud!! Qué emocionante relato. Me he visto, me he sentido identificada, me reído y hasta me has hecho soltar un par de lágrimas. Cambia, todo cambia... como dice la canción. Y, felizmente, contamos con la capacidad de adaptarnos y amar incondicionalmente. Un feliz, feliz, día de la mamá para ti y para mí. Para tu mami y para la mía, para todas. Un abrazo enorme, también, a quienes colaboran con nosotros siempre en esta súper e inacabable chamba. Un abrazo enorme. Lu
06.05.09
Lu: como siempre, Lu, tus comentarios son bienvenidos y un aliento para nosotros. ¡Lindo día de la madre y le voy a hacer llegar a Kari tu comentario!
07.05.09
¡Qué gran relato Karina! Me has hecho recordar, y hasta sentir, las angustias que uno pasa durante los primeros meses de vida de nuestros hijos. También viví lo mismo que tú acerca del padre de mi hijo: lo veía como si nada hubiera pasado en su vida. Nunca me lo ha dicho, pero ahora que recuerdo, muchas veces hizo cosas para que yo estuviera mejor, más tranquila y pudiera descansar algo más. Creo que, en esos momentos, me estaba cuidando. Por el momento me cuesta un poco aceptar la manera que él trata a nuestro hijo: no es tan tierno como yo quisiera con él, quizás sea su forma de amar. Bueno, en fin, gracias por lo contado, ¡Feliz día a todas las mamás!
07.05.09
Gracias Lu, feliz día para ti, tu mamá y un beso enorme para tus futuras mamás también. Gracias por leernos y apoyarnos siempre. Definitivamente, y, felizmente, todo cambia. Ellos nos revolucionan la vida y rompen nuestros esquemas... pero que maravillosa y dichosa nos hacen la vida. Por muchos años más de noches sin dormir y millones de alegrías que compartir con ellos. Un doble salud. Karina.
07.05.09
Ruth: gracias por su comentario. Se lo he hecho llegar a Karina. Un saludo y lindo día.
08.05.09
Ruth, Karina contesta: hola Ruth, muchas gracias por tu comentario. Sin duda, una de la partes más complejas con respecto a nuestras parejas, una vez convertidos en papás, es lograr entender la forma en que ellos aman a nuestro hijos. Creo que hay miles de formas de amar, no hay peores ni mejores, sólo que cada quien ama y demuestra su amor de maneras diferentes. Además, entenderlo y dejar que fluya así, no sólo nos relaja sino permite que nuestros esposos construyan un vínculo maravilloso con nuestros pequeños. ¿Te imaginas lo que sería que los dos demostremos amor de la misma manera? No sólo aburrido, sino poco enriquecedor. En los primeros años nosotras estamos tan metidas en nuestro rol, que está bien que ellos vean por nosotras un poco más que por nuestros bebés. Eso hay que agradecerlo y entenderlo. Un doble salud por nosotras que realmente nos lo merecemos. Karina Lerner.
10.05.09
Gracias Karina. ¡Qué real todo lo que has escrito! Me encantó la manera cómo plasmaste todo, con mucho sentimiento y autenticidad. Yo creo que los primeros meses definitivamente no son iguales para todas las parejas. Hay muchos factores involucrados: si tu hijo fue prematuro, si no toma bien la teta, si se despierta cada hora, si es llorón, si tienes una nana buena, si tu mamá está presente para apoyarte, si tienes depresión post-parto, si tuviste un embarazo tranquilo o estresante, si es tu primer hijo, si te da miedo manipular a una personita tan pequeñita... en fin, muchas más cosas que hacen la diferencia y son determinantes para la dinámica de la familia de estreno: mamá-papá-bebé. Como bien dices tú, no todo es de color de rosa, empezando porque todo el mundo te da consejos (sobretodo cuando no los pides), comparas lo que dice tu pediatra, con el pediatra de alguna amiga, si tu bebé duerme mucho te preocupa que esté bien y te paras 20 veces en la noche para verlo, si se despierta mucho sacas fuerzas de donde sea para seguir atendiéndolo, ya sea dándole de lactar, cambiándole el pañal o simplemente meciéndolo por un ratito o por varias horas hasta que se vuelva a dormir, no duermes mucho de día (ni de noche), las ojeras son nuestras fieles compañeras. ¿Peluquería, pedicure, manicure? ¿Qué será eso? Al menos yo, no tenía tiempo para mí al principio, era una especie de exclavitud "linda": no podía alejarme más de tres horas por la lactancia, entonces, le daba de lactar a las 0900 AM, terminaba tipo 0930 AM, mientras me bañaba, cambiaba, desayunaba, ya eran las 1030 AM, tenía que volver volando al medio día, así que en la mayoría de casos no salía. Conforme pasaron las semanas o meses, sentí que mi vida se iba acomodando, iba conociéndo más y más a mi pequeña bebé. Cada día que pasa, el amor va creciendo enormemente. Mi esposo y yo estamos convencidos que el mejor regalo el día de hoy, mi primer día de la madre, ha sido nuestra adorada bebé. ¡Feliz día a todas las mamis, sintámonos dichosas de ese vínculo que tenemos nosotras, sólo las mamás, con nuestros bebés!
11.05.09
¡Emocionante relato! Creo que sólo una mamá puede hacerlo. La foto que acompañas dice mucho de vuestra felicidad. Qué tengas un primer (y muchos más) maravilloso día de la madre al igual que todos los participantes de este espacio de crianza. ¡Dios bendiga a las madres del Perú y del mundo! Yaya
12.05.09
Brunella: ¡qué bonito escribes! Creo que difícilmente se puede poner en palabras todo lo que ustedes sienten y lo has hecho de manera impecable. Le voy a hacer llegar a Karina y ella, seguramente, te va a contestar. Un saludo.
12.05.09
Yaya: le voy a hacer llegar tu dulce y alentador comentario y buenos deseos a Karina. Un saludo.
16.05.09
Hola Brunella, cuánta razón tienes. Creo que cada experiencia es absolutamente diferente, única y especial. Muchos de los factores que comentas intervienen en el grado de dificultad que acompañan a la títanica y riquísima experiencia de ser mamá. Uno va conociendo a sus hijos poco a poco y los va amando cada día más y más, hasta el punto que no puedes imaginar tu vida sin ellos y es en ese momento en el que entiendes el significado real del amor. A disfrutarlos mucho y tratar de no tomarnos las cosas muy en serio. Muchas gracias y espero que hayas pasado un gran día el domingo y te lo hayan festejado como te lo mereces. Cariños, Karina.
16.05.09
Hola Yaya, muchas gracias por leer el artículo y comentarlo. Antes de ser mamá puedes imaginar cómo será, soñar con tu bebé, desear y pensar que eres capaz de experimentar el sentimiento antes de tener a tu hijo en brazos. Pero, no hay nada que te acerque lo más mínimo al momento en que realmente te conviertes en madre y, entonces, conoces la felicidad más absoluta y la preocupación más grande también. Saludos y qué vivan las madres de todos los rincones del mundo. Karina.