El Curioso Impertinente

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En una reunión con papá, mamá e hijo, conversábamos acerca de las expectativas que los 2 primeros tienen acerca del tercero. Es un chico capaz, podría decirse que inteligente, algo disperso para sostener esfuerzos, no demasiado competitivo y ciertamente comprometido con sus padres y los valores que representan. No es un transgresor y aunque últimamente, tiene 17 años, se rebela y cuestiona ciertas normas, se cuida mucho de no desconocerlas en lo que se refiere a aspectos esenciales. Eso sí, no es un tipo arrasador y trata de evitar enfrentamientos abiertos y competencias exigentes.

El padre, exitoso y correcto, ha logrado construir un negocio pujante y su hijo único no parece en este momento dispuesto a recoger la posta. No comparte con él intereses y probablemente estudie una carrera que tiene poco que ver con la que permitió al papá crear la organización que ahora lidera. La madre, mujer preocupada por la educación de su hijo único y que lo ha protegido siempre contra peligros reales y otros que no lo son tanto, quisiera que el chico se aventure decididamente en la vida, pero no siempre es capaz de mirar serenamente el curso de acción por el que opta, sin correr a su lado al menor signo de turbulencia.

 El padre hizo el siguiente comentario: "siempre, desde que eras pequeño, hemos recibido el mismo tipo de apreciación. Tus capacidades te permitirían ir hasta la luna, pero tú tienes ganas de llegar solamente hasta La Victoria". No es difícil entender lo que quería decir. "Podrías llegar muy lejos sobre la base de tu potencial, pero siempre te quedas en metas modestas, básicamente por falta de motivación y empuje". Los padres tenemos terror de pensar en recursos mal utilizados y tiempo malgastado. No dejamos de declarar que si nuestros hijos fueran idiotas podríamos aceptar sus flojas performances, pero que no podemos concebirlas cuando provienen de chicos capaces. Incluso, los psicólogos podríamos hacer un monumento a esos padres, que son legión, ya que gracias a ellos llevamos a cabo evaluaciones cuyo fin es justificar la presión cuando no el castigo. "Puedes, luego te exijo", parece ser el sustento de muchos cartesianos progenitores.

 Sin entrar en los complejos nudos que se tejen en cada familia alrededor de las tareas de desarrollo que debemos completar a lo largo de nuestras existencias, podemos hacer algunas reflexiones. Las personas tenemos distintos ritmos para lograr nuestros objetivos. Son idiosincrásicos, vale decir, propios de cada individuo. Podemos alentarlos, modularlos y darles los nutrientes necesarios para que den frutos grandes y bonitos, pero no alterarlos de manera significativa. O si podemos, pagamos precios altos en cuanto a la calidad de la relación que sostenemos con hijos de quienes nos queremos convertir en forzados coachs. Por ejemplo, hay seres que son late bloomers, es decir, que florecen más lentamente, se toman su tiempo y por la misma naturaleza de sus habilidades, parecen requerir lapsos de maduración durante los cuales dan toda la impresión de estar eludiendo responsabilidades, paseándose por la vida sin asumir compromisos y picoteando vocaciones que no terminan por concretarse.

 Como dije en esa reunión, es cierto que la luna es un destino ambicioso y lejano, que ha fascinado a miles y miles de generaciones desde que nacimos como seres de cultura, sobre el que se han escrito incontables aventuras, compuesto poemas y canciones, y en el que pusimos admirados y temerosos nuestros pies recién en 1969. Pero muchas veces es sinónimo de divagación, pérdida de foco, utopía improductiva y ensoñación inútil. No en vano decimos con algo de desdén o pena que alguien "está en la luna". El otro destino, más cercano y menos ambicioso, en este caso tenía un significado por lo demás simbólico. A veces es preferible quedarse en La Victoria.

2 Commentarios

Lu

01.07.09

Justo escuchaba hace unos días a Ken Robinson hablar acerca de la creatividad y que es tan importante como la alfabetización, aunque los padres parecen embarcados en la tarea de matarla. Estamos tan preocupados por la parte académica, porque nuestros hijos la desarrollen, que desconocemos el hecho que la inteligencia es diversa, dinámica y distintiva. Si mi hija para dando volantines, ve la tele de cabeza, contorsiona su cuerpo de manera impresionante y demuestra gran habilidad en gimnasia, ¿qué espero que no estoy formando a la deportista? ¿por qué sigo pidiéndole las mejores notas en los aspectos lógicos y matemáticos? ¿por qué le hago eso a mi hija? ¿por qué no respetamos diferencias, sueños, habilidades?

Roberto Lerner Author Profile Page

07.07.09

Lucero: ¡no puedo estar más de acuerdo! Existe una verdadera obsesión con ciertos aspectos de lo que hace el todo que es una persona, especialmente si está en pleno desarrollo. Y, en esas, muchas veces ayudados por las instituciones educativas y los especialistas, descuidamos áreas en las que nuestros hijos se sienten cómodos y que podrían darles muchas gratificaciones.

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Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Roberto Lerner y publicada el 30 de Junio 2009 10:23 AM.

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