Entre PadresEspacio de Crianza

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Algo así rezaba el título de una famosa canción de hace ya muchos años. Porque sí, cuando uno los mira, piensa que es fácil, que se la llevan sin hacer demasiado esfuerzo, que nosotros, que sí trabajamos y la sudamos, nos encargamos de todo. Y, ellos, ellos solamente tienen que pasarla bien. Karina Lerner, desde su perspectiva de madre recién inaugurada, se pone en el lugar de su bebé:

El otro día terminé tan agotada que miré a mi pequeño hijo plácidamente dormido y pensé "que suerte tienen los bebés, nada que hacer todo el día más que jugar, dormir, comer y, bueno, adornar el pañal", y, entonces, imaginé que de pronto, un día, un mágico y juguetón ser del tiempo decide volverme al pasado a cuando tenía, digamos, alrededor de siete meses de nacida.

Me despierto porque ya no tengo sueño, pero me fijo que aún el cielo pinta oscuro, me volteo y me veo atrapada en una rara especie de caja mullida con barrotes  y quiero que me saquen, pero no puedo pedirlo con palabras, sólo me sale un chillido que hace que alguien al otro lado de la habitación salga con un pésimo aliento a estamparme en la boca una cuestión de jebe que llaman chupón, y me vuelve a acomodar para que pueda volver a dormir o, más bien, para que mis papás puedan hacerlo. Como lo que quiero es jugar o simplemente salir de ahí, intento hacerlo por mis propios medios, pero no puedo, mis piernas y brazos no son lo suficientemente fuertes. Entonces, vuelvo a intentar decirlo, pero sólo puedo emitir ese inexacto y estridente grito, y entonces mi mamá vuelve a mí y pienso que, por fin, me ha entendido y me librará, pero en cambio me da leche, ajjj, pero si estoy llena, me la ofrecieron hace algunas horas y entonces sí me la tomé contenta. Reniego y pataleo, caramba, ya lo he intentado dos veces, está vez mi papá me levanta en brazos para mecerme hasta que me mareo y me vuelvo a quedar dormida.

Abro los ojos y ahora sí es de día, me acurruco calientita y empiezo a imaginar, estoy cómoda y tranquila, cuando de pronto mi papá se acerca y le sonrío, ya que no puedo decirle "buenos días, vuelve en un rato que estoy feliz aquí sola", me alza y me hace volar por los aires, me besa cariñosamente, me apachurra y me lanza a su cama. Aún aturdida, noto que la cara de mi mamá se posa en mí para acariciarme y acto seguido me lleva a mi cuarto para ponerme una boba e incómoda ropa que me hace sentir agobiada.  Le pido que me la quite, que me pica y que tengo calor. Pero, como sólo puedo llorar, mi papá al otro lado de la habitación dice algo que me ofende "que engreída está la niña" ¿engreída?, pienso, "si sólo quiero que me pongan algo cómodo, suavecito y que no me haga sudar". Pero, para ese entonces, sé que esas personas que me adoran y se preocupan por mí, han ganado la batalla.

Me sientan en un silla alta, me ponen un babero gigante y un plato de una cosa medio grumosa de color amarillenta que me produce náuseas, doy un par de bocados para agradecer el gesto, pero en el momento que cierro la boca, porque no me gusta y la verdad no tengo mucha hambre, ellos insisten en meterme la cuchara, me niego y cierro la boca. A la quinta vez, mis papás empiezan a hacerme muecas que me resultan graciosas y me rio, abro de par en par mis labios para carcajearme, cuando encuentro ese sabor horrible de nuevo, "ahhhh, que vivos", a la siguiente mueca ya no me sonrío, entonces me ofrecen agua, y cuando estoy a punto de beberla, nuevamente la cuchara con esa avena aburrida vuelve a hacer su entrada triunfal, esta vez si me molesto, "qué se han creído, no han entendido que no quiero y que no me gusta que se burlen de mí" lloro y pataleo, ya que es lo único que puedo hacer para demostrar mi fastidio y protesta. Pero mi papá se acerca a la televisión y me pone al frente un pesado dinosaurio morado que canta  junto a unos insoportables y falsetes niños. Resignada, me como mi plato mientras el olor del pan recién horneado que devoran con gusto me hace salivar.

Han pasado algunas horas, mis papás han estado jugando conmigo, ha sido divertido. Aunque mi mamá trata de ponerme de rodillas con las manos en el piso y me empuja, no sé bien qué quiere que haga, pero quiero explicarle que aún no puedo hacerlo, que quizá en unos meses más lo logre. He visto a algunos de mis amiguitos hacerlo y creo que por eso mi mamá insiste. A pesar de todo, son unas lindas personas y tengo suerte de estar con ellos. Mientras los contemplo, me doy cuenta que mis ojos me pican un poco y me los sobo, pero creo que no es una buena idea, porque mi mamá se apresura a levantarme y llevarme a la jaula de nuevo. Me quedo dormida, estoy soñando con ellos, cuando siento que me levantan, me cubren con muchas colchas y me ponen en una silla dentro del auto. "¿A dónde vamos?, pienso, ¿por qué nadie me ha preguntado si quiero salir?, tan rico que estaba durmiendo". Cuando el coche se estaciona en una casa de color blanco, mi papá me baja y me entrega a  una señora que me carga, me besa y me deja mucha baba en el cachete. No sé quién es, no me acuerdo de ella, me asusto y cuando reacciono mis papás se han ido, entonces lloro muy fuerte, tengo miedo, "¿Me habrán dejado porque los levanté en la noche o porque ya se aburrieron de mí?". Ese pensamiento es tan profundo que me invade y lloro más y más. "Si yo quería estar con ellos, no aquí". Al poco rato me tranquilizo y me doy cuenta que esa señora es muy cariñosa conmigo, y recuerdo haberla visto algunas veces en casa con mis papás. Escucho el timbre y me pongo feliz, ¿Habrán regresado por mí?. Pero, me doy cuenta que no, en cambio en la puerta aparece una chica guapa, delgada y joven con una niña tomada de la mano. Digo que era delgada porque mi mamá se mira al espejo y dice que antes de mí se podía poner bikini, pero que ahora la barriga y los pechos le cuelgan. La verdad que no sé cómo hice yo para engordarla, pero me parece que se ve muy linda igual. La chica se me acerca, me mira y le dice a la señora amable que me carga "pero si tu sobrina es i-g-u-a-l-i-t-a a su papá, linda, linda, cachetona y gordita, esas orejotas, ya le crecerá la cabeza". Pienso que es una conchuda, acaso no se ha visto la nariz, si es gigante, pero claro, como no puedo hablar, requinto y lloro. Mi tía me da una galleta que me parece deliciosa y me sienta con unos juguetitos que saca de la mochila con la que mis papás me dejaron. Estoy jugando con un pato que me encanta, cuando escucho que la chica le dice a la niña que vaya a jugar conmigo "pero si estoy bien jugando sola", quiero decir, pero no sé cómo. Esa chiquita es muy pesada, me quita mi pato y me roba la galleta. Que injusto, pienso, si ella es más grande y fuerte, además no me cae bien, ¿por qué tengo que jugar con ella?, si tanto les gusta esa chiquilla que se la banquen ellos, pues.

No sé cuántas horas han pasado, pero siento que ha sido una eternidad, estoy cansada y extraño mucho a mis papás, quiero ser fuerte, pero ya me aburrí, además de duele mucho mi panza y quiero irme a casa. Lloro, pataleo y nada de lo que la pobre señora intenta me consuela. Sólo quiero irme. Escucho en medio de mis llantos que por celular le dice a alguien que me venga a recoger, que no hay como tranquilizarme. Me callo, con quién hablará, será con mis papás, o quizá con otras personas, a dónde me llevarán, qué harán conmigo. Me asusto mucho y lloro más fuerte.

De pronto me despierto, ese olor es familiar, veo hacia adelante y reconozco el pelo largo y lindo de mi mami y las manos de mi papi. Uffff, me salvé, pienso, y mientras voy cerrando los ojos tranquila, no puedo dejar de desear ser ya grande como ellos, para decidir qué, cómo y cuándo pasan las cosas.  

10 Commentarios

Janet Mellado

18.06.09

Me pareció muy interesante y divertido el relato. Tengo un niño de un año y cuatro meses y me imagino, al leer lo que escribe Karina, muchas de las cosas que podrían pasar por su cabecita. Gracias por la nota.

Roberto Lerner Author Profile Page

20.06.09

Janet: muchas gracias por su comentario. Creo que Karina hace un lindo análisis de una situación que a nosotros nos parece muy fácil, pero que, si nos ponemos en los pañales de nuestros pequeñitos, no es así. Un saludo.

Brunella Esposito

20.07.09

¡Me encantó Karina! Una vez más, me cautivó tu relato: ¡no te has perdido un detalle! Imaginé a mi hija en cada situación y la verdad es que me ha dado mucha risa, y a la vez me ha hecho reflexionar de cuan importante es hablarle a nuestros bebés para explicarles lo que estamos haciendo con ellos. Estoy convencida que nos entienden en todo momento.
Cariños y sigue escribiendo!
Difunde esto, estoy segura que todos lo disfrutarán tanto como yo.
Brunella

Jesús Arévalo

10.08.09

¡Realmente conmovedor! Soy padre de una hermosa niña llamada Daphne Arlette. Esta Historia me cayó como un baldazo de agua en pleno invierno, ¡uufff... les agradezco tanto! Ojalá hubiera más páginas como esta, que nos hagan reflexionar. Es lo que pasó conmigo: la reflexión para no volver a cometer las cosas que estaba haciendo. Pediría que me hagan llegar a mi correo relatos como ese.

Javier

25.08.09

¡Fue fantástico Karina! Tengo una bebe de 4 meses y el relato que he leído se ajusta a la relidad de mi hijita. A veces como padres que somos no pensamos en qué pueden estar sintiendo ellos, cómo es su mundo interno. Lo tomaré en cuenta. Te felicito por este relato que es muy importante en nuestra vida cotidiana. ¡Hasta otro relato!

Roberto Lerner Author Profile Page

26.08.09

Javier: sí, el relato de Karina es muy certero. !No lo digo porque sea su padre! Lo que ocurre es que uno asume demasiadas cosas. Aunque los niños son los centros de nuestro mundo, actuamos como si ellos no tuvieran mundos propios y terminamos creyéndonos el centro del universo. Hacer el ejercicio de ponerse del otro lado del mostrador es muy útil. Hablando del próximo relato, en unos minutos colgaré una nueva entrega de la madre de mi nieto. Saludos.

Roberto Lerner Author Profile Page

26.08.09

Jesús: gracias por el comentario. Sí, es duro ser bebé, sobre todo si nos ponemos del otro lado del mostrador y nos imaginamos siendo llevados de un lado para el otro, sin poder controlar mucho de lo que nos pasa. Me alegra que el relato lo haya hecho reflexionar. Si usted entra de tanto en tanto en la página, verá más relatos que, quizá, también le sirvan. Un saludo.

Roberto Lerner Author Profile Page

27.08.09

Brunella: sí, tienes razón en lo que dices. Kari - no es orgullo de padre- tiene mucha habilidad para transmitir experiencias y, en este caso, la necesidad de ponernos en el lugar de nuestros hijos, también cuando tienen edades que asumimos los ponen al margen de la comprensión de lo que hacemos y decimos. Le voy a hacer llegar tu comentario a Karina. Un saludo.

Patty Silva Fernández

20.01.10

¡La verdad me encantó! Estoy segura que es exáctamente lo que piensan nuestros bebés. Tengo una princesita llamada Stephanie Antonella de un año 10 meses y la he imaginado en cada momento del relato, recordando que en muchas oportunidades daba esas señales para que mi esposo y yo las tomemos en cuenta. ¡Te felicito!

Roberto Lerner Author Profile Page

09.02.10

Patty: ¡gracias por tu aliento! Me alegro que les haya gustado y, sí, eso de que los bebés la tienen fácil, es una idealización nuestra. Hay que ser más objetivos y ponernos en su sitio. Un saludo y lo mejor para la linda princesita.

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Sobre esta entrada

Esta página contiene una sola entrada realizada por Roberto Lerner y publicada el 8 de Junio 2009 7:14 AM.

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