
Hay una cierta fascinación morbosa en la actitud de la gente hacia Michael Jackson. Cuando vivía y, ahora también, después de muerto. Un prodigio precoz en el arte de la danza y el canto, que se convierte en ídolo indiscutible muy joven: conoció los escenarios muy temprano, en su niñez, y a los 25 años ya había cantado lo que fue el éxito más grande de la música contemporánea, Thriller. Un multimillonario que se va escondiendo de la mirada pública y al que pudimos atisbar en sus conciertos; en unas conductas bizarras con respecto de su cuerpo, apariencia y envejecimiento; y en procesos judiciales que cuestionaron su integridad con respecto de los niños.
¿Fue tan extraño?
En realidad, no. Quizá situado en el extremo, de hecho patológico, pero tampoco impensable. Hasta podría decirse que inevitable.
¿Por qué?
Vivimos en una época que eleva de manera brusca a gente muy joven hasta las cimas de la fama. Vivimos en una época que define un proyecto corporal con parámetros definidos por un universo de profesionales de la salud. Vivimos en una época en la que la identidad angustia. Vivimos en una época en la que tratamos de estirar lo más posible la niñez, en una suerte de versión moderna, mitad quirúrgica, con condimentos de gimnasia y spa, suplementos vitamínicos y obsesión por estar en forma, de Peter Pan. No es casual que su rancho se llama Neverland, una tierra donde nadie envejece.
Quizá sea el espejo en el que todos nos miramos. Pero, independientemente de su contribución a la música, vale decir, su obra, a mí me da mucho más pena la vida de Michael Jackson que su muerte.

11.07.09
Estimado Roberto: gracias por el post. Quería comentarlo cuando lo leí hace unos días. Me parece una lectura muy honesta de lo que ha sido este fenómeno mediático de los días pasados. Creo que pocos se han puesto a pensar en la persona que siempre hubo detrás de la fama, del brillo, de las excentricidades. Muy pocos llegarán a ser otros Michael Jacksons, pero como dices, son muchos en nuestra época los que viven con la ilusión de "estirar la niñez", encontrar el elixir de la juventud. Tendremos que ir aprendiendo a gozar y vivir con plenitud cada etapa de la vida que viene siempre con sus risas y congojas. Eso sería ganarse la lotería más que miles de Neverland.
Fernando
13.07.09
...y sin embargo, es una de las pocas personas que quedan que aún pudieron causar un impacto de magnitudes globales. Desde hace más de diez años que aún busco reconocer a "nuevas" personas con ese potencial de obrar cambios por tan sólo "ser." Los que fueron, se nos van muriendo, y sólo nos estamos quedando con una miríada de rostros fáciles y descartables... pero individuos "cruciales"... pues, no he visto surgir. Espero -y quiero-, equivocarme. ¿Será que la época de los íconos multitudinarios se está extinguiendo gracias a la desmasificación y ultra-micro-segmentación de la oferta? Sigamos sintonizados, reza el viejo adagio.
27.08.09
Manuel: siempre agudo, siempre nostálgico, siempre certero. De acuerdo, la era de los grandes parece retroceder frente a esa micro segmentación de la que hablas con razón. Aunque Jackson fue mercadeados, como lo fue Presley o los Beatles, no fueron generados por el mercadeo. Emergieron por su propia fuerza creativa o sus habilidades. Un saludo.
27.08.09
Fernando: ¡qué bonita reflexión! Sí, no vemos más allá de la luz que producen los reflectores y el precio que cobra en las vidas de quienes están bajo ellos. La grandeza cuesta y la fama que genera multiplica ese costo. Un abrazo.
29.08.09
"...a mí me da mucho más pena la vida de Michael Jackson que su muerte". Tienes razón, estimado Roberto, pero me pregunto si estamos preparados para recibir a genialidades en sus diferentes ámbitos, si estamos preparados para su legado. Cuánta ignorancia aprendida por la modernidad, cuanto vacío hemos soportado en estos tiempos. No subestimo nuestra generación y en general la humanidad, pero a veces creo que involucionamos con tanta tecnología. En resumen, debemos prepararnos para nuestras genialidades que a veces se presentan.
31.08.09
Walter: sí, los genios, casi por definición, no siempre son comprendidos y muchas pagan en forma de sufrimiento su contacto con la vida y la sociedad. Pero creo que la tecnología siempre termina siendo atacada. El teléfono también generó miedo y, sabes, Platón pensaba que la escritura terminaría por destruir la filosofía. Creo que hay que encontrar un término medio.
22.10.09
Lo amo, era lo mejor. ¡Qué lástima que se murió! A todos en mi colegio les gustaba como cantaba.
21.12.09
Angie: sí, es duro aceptar la muerte de una persona que produce placer y buenos momentos. Era un gran cantante y un extraordinario bailarín. ¡Se lo va a extrañar! Lo mejor para las fiestas.