
"Recuerdo la primera vez que llevé a Eitan al pediatra. Él acababa de cumplir dos semanas y yo de inaugurar las ojeras más grandes del mundo. Estaba confundida, temerosa y nerviosa. Aún no confiaba en mis destrezas como madre, mientras que Eitan, tranquilo y seguro, dormía plácidamente en mis brazos", es lo que nos dice Karina Lerner en esta nueva entrega sobre su papel de madre y lo que significa seguir un fascinante y, muchas veces, sorprendente desarrollo.
El doctor fue respondiendo una a una a todas mis preguntas, me dio recomendaciones, trucos y consejos que me ayudarían a mantener la calma y, sobre todo, a llegar hasta el próximo control sin mayores contratiempos. Antes de terminar la consulta, me entregó un folder que contenía, entre otras cosas, una tabla que describe mes a mes los logros que, supuestamente, un bebé debe alcanzar. Debo confesar que al principio no presté mucha atención, quizá porque estaba muy ocupada acostumbrándome a mi nuevo rol, muy cansada, que no estaba en contacto con otros bebés o que simplemente no pasaba mucho. Unos ojos siguiendo un objeto, la capacidad de levantar la cabeza cuando están recostados boca abajo, tímidas pataditas, juegos con las manos, entre otras cosas.
Con el paso del tiempo, sin embargo, la tablita se convirtió en una obsesión. Cada control de Eitan era un angustioso y agotador bombardeo de por qué mi bebé no hacía esto o aquello si mi sagrada tabla del desarrollo psicomotor así lo mandaba. Mi paciente médico me escuchaba resignado y me decía que no me preocupara, que cada bebé se desarrolla a su tiempo y que aquello sólo era una referencia a las habilidades que los niños pueden alcanzar conforme van creciendo. Nada era suficiente, yo quería que a los 6 meses mi hijo sea capaz de escribir.
Así que decidí inscribirlo en clases de estimulación temprana. Pensé que ahí, en un "pre pre pre colegio" iría a lograr lo que yo en casa no había sido capaz de enseñarle. La clase modelo a la que asistí fue un total desastre de la que salí decepcionada, triste y angustiada. Los otros pequeños se sentaban mejor que Eitan, algunos intentaban gatear y otros balbuceaban cuando el mío lo único que hacía era llorar y pedirme a gritos que lo sacara de ahí. Sólo me tranquilizaba el hecho de que el resto de pequeños tenía 1 segundo más de edad que el mío y que seguro eso hacía que pudieran realizar actividades que Eitan aún no lograba hacer. Nunca regresé.
Poco a poco, cuando me fui vinculado con más madres y asistiendo al parque o a cumpleaños infantiles, me di cuenta que a todas nos pasaba un poco lo mismo. Nos preguntábamos qué es lo que los otros bebés ya estaban haciendo e intentábamos averiguar cuál de los "amigos" contemporáneos había logrado el ansiado gateo o el balbuceo con sentido.
Hace una semana y media Eitan cumplió 9 meses y ese mágico número que tanto sentido tiene para las madres, me sacó la lengua. Estaba con mi esposo en nuestra habitación conversando, cuando escuchamos que el bebé pateaba la cuna, no le hicimos caso, ya que eran las 10 de la noche y pensamos que sería mejor dejar que solo se volviese a dormir. Mientras hablábamos de cuentas y planeábamos actividades para el fin de semana, oímos una dulce voz que provenía del cuarto contiguo que decía "pa pa pa pa pa pa" y acto seguido una maravillosa carcajada que lo iluminaba todo. Era la primera vez que oíamos la voz de nuestro pequeño articulando sílabas. Nos acercamos con cuidado a su cuna y lo vimos semi sentado, mirándonos. ¡Fue alucinante! Mi pequeño había dado un gran salto y me había dado una enorme lección. Al siguiente día comenzó a gatear, no trechos largos, pero llegaba a donde él quería. Eitan me enseñó a creer en él, a confiar en sus capacidades y a respetar sus tiempos. Él haría lo que necesitara cuando se sintiera listo.
Creo que es importante no preocuparnos tanto y disfrutarlos más, concentrarnos menos en lo que no hacen y más en lo que logran realizar, mirarlos libremente, dejar que experimenten y jueguen a su manera, dejarlos gozar desnudos, que se ensucien más a menudo, llevarlos al parque aunque corra un poco de viento, permitirles darse cuenta que si se chocan se golpearán y no acolchar todo por donde pasan, perdernos en sus miradas y que a veces la hora de la comida nos agarre fuera de casa. Ya boté la tabla, ahora no me interesa si coge con el pulgar y el índice, ya no me preocupa si dirá mamá mañana o en un par de meses, lo único que quiero es que nos vacilemos juntos y verlo muy, pero muy feliz. ¡Lo estamos haciendo bien y ellos también!

10.07.09
¡Jajajaja, es graciosícimo aquello en lo que nos convertimos cuando somos madres! Neuróticas, bipolares, esquizofrénicas, locas, todo junto, en un mismo día muchas veces. Lo mismo me pasaba con mis hijas, en intensidades y momentos distintos, pero lo mismo siempre. No podemos evitar hacer comparaciones. Si mi hija no dice su nombre aún es que me salió medio lenta en el habla y el aprendizaje. Si no camina ahora (cuando ya muchos niños estarían caminando) seguro que habrá que llevarla a que la vea el pediatra porque algo malo debe tener. Hasta comparamos entre hermanos. Eso me pasó con Ale (1año, 5meses), hace sólo un mes empezó a caminar, yo andaba cardiaca: "Seguro que tiene algo en las piernas, ¡fulanito ya camina y tiene la misma edad!". Y siempre caía en lo mismo: "Su hermana (mi hija mayor) caminó desde al año, ya pedía pichi y popó también!" ¡Mal Lucero, muy mal! Como bien dices, se trata de respetar sus tiempos. Se trata de estimular, más no neurotizar a nuestros hijos, no compararlos y adjudicarles limitaciones que no tienen. Ale ya camina (para sufrimiento de la columna de todos en casa, ya corre también), habla, no come sola, ni pide ir al baño. Es una niña normal, sana, que le ha brindado a sus padres salud emocional y equilibrio, como lo hace su hermana. Abrazos gigantes para ti
27.08.09
Lu: con orgullo de papá y abuelo, debo reconocer que Kari es muy didáctica y da en el clavo. Pero tú lo haces igualmente bien y tienes algo que cuando se tiene hace que los psicólogos seamos innecesarios: puedes reírte de ti misma. Con eso, la mitad de la chamba está hecha. Por lo demás, no podría decir lo que pienso mejor de lo que tú lo has hecho. ¡Sigue comentando y contribuyendo con nosotros!
28.08.09
Roberto: ¡qué bueno que hayas vuelto (y Kari también) por aquí! Pasaba y pasaba y no había actualizaciones. Ya empezaba a preocuparme. No sabes cómo me emociono con las respuestas a mis comentarios. Estudié psicología porque una vez, hace muuucho, te escuché en una clase en la Católica (cuando Kari y yo estudiábamos juntas en la Pre) y decidí -en ese momento- que quería ser psicóloga y ya no abogada como había planeado. ¡Gracias por eso! Y, bueno, leerte es gratificante, es actualizar conceptos y sustentar filosofías de vida. Te cuento uno de mis últimos logros (tengo que echarme flores): quedé finalista en un concurso de blogs peruanos, en la categoría Familia. Hoy es la premiación, veremos si gané¡Un fuerte abrazo a ti, Karina y la familia.
PD:. Chau!
28.08.09
Lu: sí, hubo un cierto retraso, pero estamos de vuelta y siempre apreciamos tus intervenciones y comentarios. ¿Yo tengo la culpa de que haya un colega más? Uf, bueno, es alguien valioso, con sentido del humor. ¡Felicitaciones por lo del Blog! Oye, comparte para saber dónde es y visitarlo, al igual que todos nuestros amigos que pasan por esta página. Lo mejor para la noche. Un saludo.
27.11.09
¡Qué alivio leer estos comentarios! Mi hija, tiene ocho meses, no tengo una tabla, pero sí un libro, y no puedo negar que a veces tengo temores de que algo no esté bien. Seguiré leyéndolos a menudo.
21.12.09
Rosa: me alegro que le produzca alivio leernos y que lo seguirá haciéndolo. Pero, ¿cómo no va a tener dudas? Esas dudas son parte integral de la crianza de lo niños, de nuestro papel como padres. Empecemos por entender que en este trabajo, la nota máxima es 14/15, vale decir, suficientemente bien. Le deseo lo mejor para las fiestas de fin de año.