Es así como los queremos. Que no se muevan mucho, vale decir, sean capaces de estar sentados y concentrados; que compartan sus juguetes y otras pertenencias con el niño del costado; y que no estén resistiendo, oponiéndose, demasiado a la autoridad; todo ello lo antes posible.
Claro, también que sean asertivos, seguros de sí mismos, que se quieran, que sean ambiciosos, que sustenten esfuerzos a lo largo del tiempo y puedan superar obstáculos y superar frustraciones; también a una edad temprana.
Y para que sean todas esas cosas - no importa que varias de ellas se contrapongan y sean, a veces, excluyentes- estamos nosotros, los padres y todo un ejército de especialistas y toda una oferta de métodos y un recetario inacabable. No importa que las recetas cambien cada dos meses y se contradigan.
Pero, ¿cuál es el precio que pagamos por estar tan concentrados en lograr a nuestros empáticos, apacibles y respetuosos (y todos los otros rasgos que la sociedad niñocéntrica nos prescribe) "productos"? Estamos tan absortos en leer las partituras que nos ofrecen, tan híper conscientes de todos y cada uno de nuestros actos en referencia con nuestros hijos, que dejamos de ser nosotros y perdemos la ocasión de conocerlos, explorarlos, escucharlos, gozarlos.
Si usáramos todos los minutos dedicados a pensar en qué colegio los ponemos, en qué taller los inscribimos, en medir lo que dicen, cómo lo dicen, qué les decimos, en leer sobre técnicas de crianza, en evitar cualquier contratiempo y sufrimiento; para interactuar con ellos, para dejarlos lidiar con el mundo con nuestro apoyo, probablemente algunas de esas tan apreciadas características que mencionamos en esta columna emergerían de manera más natural y provechosa.


20.01.10
Muchas veces, como Ud. lo indica, analizamos el pasado, planificamos el futuro, y nos olvidamos de vivir nuestro presente y más con nuestros hijos,. Creemos que por ser ellos dependientes nuestros, tenemos que analizarlo todo. ¿No es más fácil vivir las travesuras de nuestros hijos?
20.01.10
¡Felicitaciones por su blog! Me agradaría que incluyan pautas de cómo tratar en el aula a los alumnos de secundaria de 12 a 16 años que no obedecen, se evaden, molestan y no estudian. Desearía que publique cómo se les debe de tratar para así ayudarlos a no perder el año escolar o a que los expulsen, ya que todos los maestros los desaprueban por mal comportamiento y deficiente aprendizaje, irresponsabilidad y falta de respeto a sus mayores y pares. De esa manera se podría evitar que siga aumentando el número de pandilleros en la zona.
23.01.10
Justamente, mayor atención es lo que hace falta, empezando por los padres y maestros. Los padres no asumen su papel, le es fácil derivarlo a los profesores o a los especialistas, si se presenta algún "problema". Los padres no conversan, no escuchan a los niños, pretenden brindar modelos sólo dando normas de conducta cuando existe contradicción con su actitud y conducta, y es esto justamente lo que los niños aprenden, imitan observando. En los colegios debe ser obligatorio la asistencia de los padres a las "Escuela para Padres" como requisito de matrícula, porque se está mal educando a los padres, creen que todas las obligaciones las tiene el maestro y no creo que sea así. Gracias por permitirme brindar esta opinión.
27.01.10
No me parece que los niños de temprana edad deban "ser capaces de estar sentados y concentrados y que no se muevan mucho". Más bien, en esas edades es cuando deben estar en movimiento, explorando todo lo que para ellos es nuevo -siempre protegiéndolos del peligro- y es así como van a estar felices aprendiendo por su propia experiencia y a gusto y sin estar presionados por la autoridad del adulto. Pienso que debemos buscar talleres o escuelas donde se les enseñe por voluntad y no por obligación, y que los padres nos preocupemos por hacer de ellos buenas personas y no llenarlos de conocimientos que ellos van a ir aprendiendo progresivamente.
28.01.10
Tengo dos hijos: una niña de 3 años 8 meses y un niño de 1 año 11 meses.
Ahora que leo su artículo, me doy cuenta que tal vez, sin pensar, nosotros mismos somos quienes no permitimos el crecimiento y madurez emocional de nuestros hijos. Como bien dice usted, estamos ansiosos por darles todas las oportunidades de desarrollar sus habilidades y talentos, bajo el argumento de que queremos lo mejor para ellos, pero tal vez con ello lo que estamos tratando de superar son nuestras propias frustraciones. Tiempo, dedicación y amor son la mejor inversión, darnos la oportunidad de jugar con ellos, en la casa, en la playa, en el campo, en un parque, permitiéndoles ser ellos mismos, disfrutar de su risa, de sus gritos, de sus travesuras, disfrutarlos antes de que crezcan tanto que ya no tengan tiempo para compartir con nosotros. Gracias por sus palabras: me ayudan a reevaluar mi relación con mis dos pequeños tesoros.
05.02.10
Sí sí, yo siempre he pensado eso. Soy docente de primaria y especialista de lenguaje y también soy prima y tía y etc. y sí observo que muchas veces se pierde el momento que debe dárseles a los chicos, para que se "pierdan", "se equivoquen", "piensen", muchas veces tendemos a compararlos con los demás o nosotros tendemos a escuchar mucho a nuestros amigos y "escuchar" lo bien que van sus hijos. Lo único que logramos es que los chicos no puedan pensar en sí mismos, encontrar lo que quieren y saber ir tras sus sueños. ¡Jamás debemos subestimarlos, ni a ellos ni a sus sueños.
09.02.10
Amparo: es un buen resumen de lo que pretendí transmitir. El exceso de planificación o la crianza con premeditación tienden a ser contraproducentes porque hay demasiadas variables que no controlamos. Vivir las travesuras de nuestras hijos no significa ser cómplices de ellos, pero sí entenderlos, ponerlas en su contexto y aprender. Un saludo.
09.02.10
Elsa: muy agradecido por su elogio. Mire, me está hablando de un tema muy complejo. Depende del tipo de institución escolar, del entorno social en el que se encuentra, del involucramiento de la comunidad de padres, etc. Si uno toma una clase de manera aislada, una cosa que funciona - la he probado ya que enseño justamente a chicos de esas edades- es definir al inicio del año, durante la primera clase, un acuerdo entre el profesor y los alumnos, sobre las normas que se va a respetar a lo largo del año. Eso funciona ya que los chicos participan y se sienten comprometidos. Pero si la escuela es conflictiva y el entorno complejo, ya no es un asunto educacional en el sentido estricto o no lo es exclusivamente y hay que emprender una campaña que enrole a las autoridades, municipio, padres, profesores y alumnos. Un saludo.
11.02.10
Hebe: tiene usted razón en sus apreciaciones, en mi opinión más en la primera parte que en la segunda. Me explico: las Escuelas para Padres son importantes, pero generalmente asisten a ellas quienes menos las necesitan. Y quienes las necesitan y asisten a ellas no siempre las pueden aprovechar. No creo que debieran ser obligatorias, pero, bueno, para eso son los Blogs, para que todos podamos opinar y haya un abanico de posiciones. Un saludo.
11.02.10
Rosario: no podría decirlo mejor de lo que usted ha hecho. La idea es que pidamos lo que es razonable de acuerdo con la edad del niño y con su estilo. Son las dos dimensiones que debemos tener en cuenta siempre. No solamente para los más pequeños. Un saludo.
11.02.10
Yuliana: me emocionó su comentario. Claro, sentir que uno ha podido, de alguna manera, hacer que otros vean las cosas desde una perspectiva algo distinta, como que nos hace pensar que estamos haciendo las cosas de manera razonable. Pero, además de lo anterior - algo de vanidad siempre existe- la manera en que usted escribe y transmite es eficaz, bonita y permite que nos identifiquemos con situaciones concretas. realmente, muchas gracias por su contribución.
11.02.10
Ángel de Luz: pues, muy bien dicho y la última frase es de campeonato. En efecto, nunca debemos subestimar a los niños y tampoco debemos subestimar sus sueños, ni los de nadie. ¡Soñar nos hace libres! Lindo su comentarios.