
Los últimos meses, días, han sido pródigos en asesinatos. Los ha habido de esos que plagan las primeras planas en todo el mundo, relacionados con la inseguridad ciudadana, la presencia de bandas, la globalización de las organizaciones criminales, los secuestros, etc. Pero, por lo menos en el Perú, nos han remecido los otros, los monstruosos, los impensables, los inefables. Matricidios que se han sucedido, desvelado, casi actuado bajo la luz mediática, cuyas motivaciones parecen utilitarias, crematísticas, casi contables en números - cuentas bancarias-, aunque no en palabras.
Sí pues, aunque son pocos, son. Esos seres humanos, incluyendo niños y adolescentes, que no distinguen entre trasgredir una norma, incumplir una ley, cometer un delito; y causar daño. No son los que actúan a causa de un impulso incontrolable, una reacción desmedida, celos que ciegan, rabia que arrasa, tentaciones incontrolables. Son los que pueden ser superficialmente articulados, incluso vagamente simpáticos, manipuladores, pero que no entienden que el otro es alguien que podemos y debemos cuidar, proteger, amparar, como lo hicieron con nosotros, por lo menos la buena parte del tiempo.
Son los que cuando niños no son impactados por las expresiones de miedo y pena en los rostros de los demás, cuyos cerebros no se activan cuando los gestos se deforman en otra cara; que pueden actuar con frialdad pasmosa cuando se trata de conseguir lo que quieren. Hacer trampa en un juego de mesa, plagiar en un examen, incumplir una promesa, es lo mismo que torcer un brazo, hacer una herida, matar una mascota. En otras palabras, aunque entienden los pensamientos de otras mentes y pueden interpretar los sentimientos que anidan en ellas, no los pueden tratar como si fueran los suyos. Eso que ya los muy pequeñitos intuyen: "mi miedo es tu miedo, mi rabia es tu rabia, mi pena es tu pena", está fuera de la dinámica de sus mundos internos.

05.04.10
¿Y cómo haces para que el niño intuya que "mi miedo es tu miedo, mi rabia es tu rabia y mi pena es tu pena"? Yo a veces veo a mi hija muy indiferente a esas cosas. Sentía muchos celos de mi sobrina y era capaz de dejarla caer, parecía que no se conmovía con su llanto o con sus risas. Esa actitud la veía (la veo a veces) también conmigo y de hecho pienso a veces que mi destino es morir en sus manos (me siento muy mala al pensar eso). Ahora a ella la veo mejor. La he dejado más libre, le he dado más atención a ella que a mi sobrina (al inicio me parecía que yo actuaba equilibradamente, claro). Supongo que la respuesta a mi pregunta pasa por el hecho de que yo también sienta que la pena de mi hija es mi pena, que su rabia es mi rabia y así sucesivamente, ¿no? Es un trabajo mío, de hecho. ¿Tú qué dices?
07.04.10
María Elena: bueno, en tus dos comentarios hay una suerte de trama que tiene ecos de los cuentos de hadas y yo añadiría a los personajes que mencionas en el anterior a la madrastra, ¿no? Esa anticipación de un sino trágico, la hija, la sobrina, las hermanastras, la princesa, el príncipe, las gasas, los zapatos de tacos... pero también se cuela la pena, el miedo, la rabia, la mejora, el dejarla más libre, la necesidad de trabajar algunos temas. Es lo que pienso, ¿y tú?