
Los niños tienden a repetir el pasado. Esta afirmación puede parecer chocante, por un lado; y, por el otro, evidente. Lo primero, porque los niños tienen el pasado corto, lo segundo porque son extraordinarios repitiendo, imitando. Pero la repetición tiene dos fuentes: una es la del pasado individual, es decir, la experiencia previa. Si uno hace algo que tiene consecuencias interesantes o agradables, pues, tiende a repetirlo. Pero hay otra repetición que es central en la explicación del desarrollo humano: la del pasado colectivo, la de la historia de la especie.
La percepción acústica, por ejemplo, específicamente la de la música, parece universal y previa a toda experiencia individual. A pesar de las enormes diferencias entre las músicas de las distintas culturas, las melodías de todas las latitudes se basan en una escala de dos valores dentro de la que los humanos podemos distinguir mejor, y ciertos patrones se dan en todos lados. Es más, los niños y adultos, adoptan un estilo musical particular cuando entonan una canción para los oídos de un bebé y pueden decidir si alguien le está cantando a uno sin ver a quien se dirige el cantante, sólo por su voz, entonación y, ciertamente, sus palabras, que también, en cuanto a los temas de las canciones de cuna, son globales.

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