En la práctica cotidiana de la psicoterapia de niños y adolescentes, uno se encuentra frecuentemente con quejas de padres que se sienten irritados, amenazados o molestos por algún aspecto del carácter de sus hijos. Puede ser la agresividad o la excesiva timidez, el desorden o la falta de iniciativa, la intolerancia frente a la frustración o una gran pasividad. Esos padres tratan por todos los medios de contrariar los rasgos que los exasperan, ya sea apelando a la razón, al afecto, al castigo o a reacciones más o menos descontroladas. Alrededor de esos puntos se generan verdaderos callejones sin salida, en los cuales personas en otros aspectos razonables, que resuelven conflictos de manera alturada en sus trabajos, y funcionan con ecuanimidad en otros contextos, pierden los papeles y hacen cosas poco inteligentes. ¿A qué se debe?
Siempre hemos dicho que tener hijos va mucho más atrás del momento en que nacen. En realidad, cuando ello ocurre, ya tienen una larga historia que comenzó en la mente de sus procreadores cuando todavía jugaban a «la mamá y el papá», cuando eran pequeños hijos o hijas y eran criados cada quien de manera particular y distinta. En esos pequeños seres que a nosotros nos toca hacer crecer nos vemos frecuentemente como en un espejo, y nuestras miradas van recogiendo de sus gestos, reacciones y formas de ser aquello que nos acerca y en lo que nos reconocemos. Nos enorgullecen ciertos parecidos, nos alivian ciertos paralelos, nos aquietan ciertas semejanzas.
Pero, ¡cuidado! No solamente encontramos a lo largo de sus desarrollos, desde los primeros instantes, aquellas cosas que nos gustan de nosotros mismos. También percibimos, muchas veces sin remarcarlo, sin ser conscientes de ello, las partes de nosotros que menos nos agradan, aquellos rasgos de nuestro ser que rechazamos, que nos hacen sentir mal y que hasta podemos odiar más o menos secretamente.
Ahí está la oculta razón de muchas de nuestras reacciones desproporcionadas y de muchas de nuestras oposiciones radicales a algunas de las conductas de nuestros hijos. Obviamente, nuestra parte más racional nos dice que sólo queremos evitarles problemas en sus vidas futuras. Esa nefasta costumbre nuestra de no pensar las cosas con más calma nos ha traído tantas complicaciones y Jaimito parece cortado con la misma tijera. Pero estamos, en el fondo y sin reconocerlo, reaccionando contra nosotros mismos. Al mismo tiempo, estamos enviando un mensaje que trae confusión: «no seas como yo soy». No olvidemos que el destinatario es alguien para quien somos un modelo, que justamente quiere ser como nosotros porque nos quiere y porque, además, es en parte como nosotros.
Por esa razón es muy valioso, cuando reaccionamos con excesiva pasión ante algunas de las conductas de nuestros hijos -también cuando se trata de nuestros alumnos-, detenernos un momento y preguntarnos qué nos molesta, qué no queremos que ocurra, qué nos recuerda, con qué aspecto de nuestras vidas lo relacionamos, quién es así. Muchas veces nos vamos a encontrar con sorpresas y nos daremos cuenta de que estamos peleando contra una parte de nosotros mismos, tratando de cambiar una imagen que es parcialmente la nuestra en el espejo que son nuestros hijos. Mejor es reconocer que si bien son parecidos a nosotros -no es algo sorprendente-, no son iguales, y no tiene sentido tratar de saldar a través de ellos cuentas que no hemos podido arreglar con nosotros mismos
18.03.10
Lo que dices es cierto. Por lo general en el trabajo uno adopta una posición más fría, con el fin de poder apoyar y ayudar. Además, al menos en nuestro campo, el afecto es muy importante por lo que las reacciones tienden a ser más pensadas. Sin embargo, en casa, con nuestros hijos, el componente emocional juega un gran papel. Te cuento, como experiencia personal, que mis hijos estudian en el mismo colegio donde yo trabajo, y a pesar de ser el mismo espacio físico, las recaciones son diferentes. Con mis hijos adopto una posición muy diferente que con los otros¿Por qué? porque soy su madre y eso conlleva un componente afectivo muy fuerte.
18.03.10
Mariella: bueno, sé de lo que hablas. Enseño en el colegio en el que estudiaron mis hijos y ambos fueron mis alumnos. A mí me pareció espectacular. Obviamente a ellos no. Es complejo y genera situaciones interesantes en uno, en ellos y en los compañeros. A mi hija le enseñé en la universidad en Estudios Generales. También fue algo especial. Un saludo.
24.03.10
Muchas veces me pregunto por qué en el trabajo puedo resolver situaciones difíciles con la ecuanimidad y tranquilidad adecuadas. Sin embargo, en casa me cuesta mucho trabajo. Últimamente he mejorado un poco, siempre teniendo que recordar que estoy tratando con un adolescente de 19 años (en mi caso) y no con una persona más adulta. La idea, como tú dices, es evitarles problemas en sus vidas futuras pero nadie va a ser exactamente como nosotros queremos que sea. Podemos darles las pautas necesarias utilizando esa calma tan necesaria de la que muchas veces carecemos.
07.04.10
Elena: bueno, aunque del trabajo depende nuestra subsistencia, el espacio laboral está menos cargado emocionalmente que el familiar donde se juegan enormes expectativas y se cruzan tantas historias ligadas de manera intensa. De hecho, todas las investigaciones demuestran que la mayor parte de la variabilidad en el bienestar de las personas depende de lo que ocurre en el hogar. Con los adolescentes las cosas siempre son vibrantes porque ponen en juego la presencia de dos generaciones, cada una de ellas con sus agendas y reivindicaciones. Un saludo y gracias por tu aporte, Elena.
09.04.10
Me parece que el tema debe de ser tratado de una manera más profunda para ayudar a los padres. ¡Gracias!
11.04.10
María Rita: está claro que la manera de abordar el tema no la satisfizo, pero no está claro por qué y eso, vale decir su crítica, me ayudaría a responder a su necesidad y también a mejorar. ¿Se anima a darme una pista acerca de qué ángulo quisiera que se utilice? Un saludo.
17.06.10
¿Cómo puedo lograr una conducta asertiva? la descripción que hace me calza en un 90%. Estoy pasando por momentos emocionales críticos con mi hijo de 12 años. "No quiero que sea como yo". Sin embargo, mi presión lo está hundiendo emocionalmente, como una gota que taladra de a pocos la roca y tengo temor de que esté cerca el quiebre.Tal vez mi negligencia de aplicar el "has lo que digo y no lo que hago" está volviendo a mi niño una persona confundida e insegura, a la que le cuesta cumplir con sus deberes escolares. Se olvida de sus cosas, reniega tan igual como yo, tiene depresión. ¿Cómo revierto 12 años de crianza equivocada? Estoy entrando en una depresión y necesito ayuda.
08.07.10
Karla: los términos que usted usa son devastadores y son una suerte de auto inculpación que me parece injusta y estoy seguro que no se ajusta a la realidad, sino que es el producto de un prisma, como usted misma lo dice, súper depresivo. Creo que usted debe buscar ayuda profesional que le permita salir de la depresión. No es que su hijo no tenga problemas, pero seguramente la causa de ellos no es usted de la manera que lo plantea. Suerte.