Archivos Roberto Lerner: Mayo 2008

Imaginemos que asistimos a un programa de concursos y el
conductor nos presenta tres puertas. Una de ellas nos da acceso a un hermoso
carro y las otras dos a... una cabra. Nos encomendamos a todos los santos y
elegimos, digamos, la del centro. Tenemos una posibilidad en tres de salir
sobre ruedas y dos sobre tres de tener leche y queso por un tiempo.
Pero el conductor introduce un pequeño cambio: abre una de
las otras dos puertas y resulta que aparece detrás de ella una cabra. Y nos
dice: "le doy la posibilidad, si usted lo quiere, de cambiar la puerta que
usted escogió inicialmente". Les pregunto a ustedes, queridos internautas: ¿vale
la pena cambiar? ¿es la mejor estrategia quedarse con la puerta elegida en
primera instancia? ¿da la mismo en la medida que en fin de cuentas hay 50% de
posibilidades de auto y de cabra?
La lactancia materna exclusiva es loada en casi todos los
medios ligados a la salud, física y mental, tanto en el nivel de los
profesionales que atienden, como en el de los investigadores y los miembros de
las distintas burocracias ligadas a esos asuntos. No siempre fue así. Como
muchos otros aspectos de la vida, también en lo tocante a la crianza de niños,
las modas se dan, junto con las ideologías. No es únicamente un asunto de saber
y verdades científicas. Muchas veces pesa más lo que la sociedad espera de sus
integrantes a la hora de decidir qué se hace, cuándo se hace y cuánto se hace.
¿Por qué se hace? Bueno, esa pregunta si nos empuja a buscar en la sabiduría de
nuestros padres, en los mitos de una cultura o en los especialistas y quienes
nos hacen llegar sus conclusiones.
Es posible que algunos de ustedes hayan escuchado hablar de
la Academia Internacional de Artes y Ciencias Digitales. Sus 550 miembros, que
incluyen al cantante David Bowie, al empresario Richard Branson, al inventor de
Internet, Vint Cerf, y al creador de los Simpsons, Matt Groening, otorgan y
presentan, desde 1996, los Webby Awards, el equivalente del Oscar de la
virtualidad.
Hay un asunto muy interesante. Todos hablamos y nos
preocupamos mucho por los animales que están en vías de extinción y hacemos
campañas para aumentar el nivel de conciencia de la opinión pública sobre el
peligro de perder más especies de las que ya desaparecieron de la faz de
nuestro planeta. Pero, ¿qué hay de los animales que no solamente no son
acechados por exterminios a través de la caza indiscriminada, los efectos de
nuestra presencia o las alteración de los nichos ecológicos, sino que, por el
contrario, han aumentado su número y han probado ser especialmente hábiles para
encontrar maneras de sobrevivir?
Piensen en las cucarachas o las ratas. Por un lado, han
tenido la inteligencia de acercarse a una especie poderosa, la más más de la
creación, nosotros, y nunca están lejos de donde vivimos. Al hacerles la
guerra, de manera sistemática, justamente estamos generando presiones
evolutivas que los obligan a perfeccionarse, defenderse de nuestros venenos y
nuestras presencias y... reproducirse mucho más. En realidad, la mejor manera de
exterminarlos, el equivalente de una catástrofe ecológica de grandes
proporciones, sería... desaparecer nosotros.
La silla que vemos es una suerte de objeto imposible. En
todo caso, ninguno de nosotros, luego de observarla atentamente y fijarnos en
sus debilidades estructurales, osaría sentarse en ella. En otras palabras, no
nos parecería racional confiar en que puede soportar, sostener, alojar de
manera segura nuestra humanidad.
