Archivos Roberto Lerner: Agosto 2009

Pensé tratar sobre la violencia, cada vez mayor, en el mundo de los adolescentes. Se trata, en efecto, de un problema muy complejo que amenaza invadir nuestras vidas cotidianas. Una conversación reciente, a propósito del nuevo reglamento de tránsito en el Perú, me hizo cambiar de intención y concentrar mis reflexiones sobre otra forma de violencia que difícilmente será resuelta sin una aproximación que combine firmeza con educación de mediano plazo. Me refiero al problema del tránsito vehicular.

Karina nos vuelve a sorprender con un relato excepcional acerca de nuestra vanidad de padres:
Hace algunos domingos se celebró el Día del Niño, una de esas tantas mágicas festividades que llenan los centros comerciales y vacían nuestros bolsillos, y, debo admitir que no se me ocurrió idea más brillante que decirle a mi esposo para ir con Eitan a pasear y comprar algunas cosas. Durante las dos horas que estuvimos abriéndonos camino entre el mar de gente que paseaba con globos, vendedores que lucían llamativos disfraces y gigantes muñecos bailando estridentes canciones, sólo pensaba en la bendita hora que me iluminé y en la mirada de odio que mi esposo me mandaba con cada empujón que recibía. Estábamos por irnos de una de las tiendas ancla del centro comercial, cuando Eitan se puso a llorar, lo saqué del coche y lo tomé en brazos como queriéndome disculpar con él por haberlo metido en semejante tortura, cuando una dulce voz me llamó por la espalda para felicitarme por el hermoso hijo que tenía y acto seguido me dio una tarjeta que, debo confesar, me supo a gloria. Me dijo que Eitan podía ser modelo y que justo estaban buscando bebés con el perfil de mi pequeño para pasar un casting al día siguiente para una publicidad.
